Embarazo, parto y lactancia

Corioamnionitis

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Aunque el término “corioamnionitis” sigue siendo el más ampliamente utilizado, haciendo referencia a la infección del corion y/o el amnios, actualmente se prefiere usar el término “infección intra-amniótica” ya que esta puede involucrar líquido amniótico, el cordón y la placenta, así como las membranas fetales.

Además, teóricamente existe la posibilidad de que exista una inflamación sin infección, por lo que recientemente se ha propuesto el término “triple I”, refiriéndose a la Infección-Inflamación Intrauterina, para abordar así la heterogeneidad de esta situación.

EPIDEMIOLOGÍA y FACTORES DE RIESGO
Se estima que la corioamnionitis tiene una prevalencia del 1-2% de los partos a término y del 5-10% de los partos pretérmino. (Aunque estos datos son muy variables en función de las fuentes consultadas).

CLÍNICA
Aunque lo más frecuente es que la corioamnionitis aparezca en gestantes con la bolsa rota, (RPM o RPM-PT), también puede aparecer en embarazadas con la bolsa íntegra.

Se considera que la fiebre es un criterio indispensable para el diagnóstico de corioamnionitis, por lo tanto aparecerá en el 100% de los casos. Tanto la fiebre como el resto de hallazgos frecuentes suelen ser inespecícicos, y los que son más específicos no son muy frecuentes. Por ello el diagnóstico puede ser complicado en algunos casos, como veremos más adelante.

CONSECUENCIAS SOBRE EL FETO
La corioamnionitis se asocia con peores puntuaciones en el test de Apgar, sepsis precoz, neumonía, hemorragia intracraneal, parálisis cerebral, alteraciones en el neurodesarrollo y mortalidad peri y post-parto. Todo esto se ve agravado en los recién nacidos a pretérmino.

DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de corioamnionitis puede suponer un reto, ya que los síntomas suelen ser inespecíficos y las consecuencias de un mal diagnóstico pueden ser trascendentales: prematuridad yatrógena si se sobreactúa (con su morbi-mortalidad asociada), o consecuencias en la madre y en el feto si demoramos el tratamiento oportuno.

Clásicamente se han utilizado los criterio de Gibbs, que incluían la fiebre (como criterio indispensable), más dos de los siguientes: taquicardia materna, taquicardia fetal, flujo vaginal purulento, dolor en fondo uterino y leucocitosis. Sin embargo dada su baja especificidad estos criterios han sido ampliamente discutidos y muchos centros han elaborado sus propios protocolos y algoritmos diagnósticos.

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