- PODCAST
- Concepto e indicaciones
- Preparación y principios técnicos
- Técnica quirúrgica paso a paso
- Puntos críticos y prevención de complicaciones
- Perineorrafia y variantes
- Resultados y consideraciones clínicas
Concepto e indicaciones
La cleisis de LeFort, o colpocleisis de LeFort, es una técnica obliterativa destinada al tratamiento del prolapso de órganos pélvicos avanzado en pacientes seleccionadas, habitualmente mujeres con deseo de tratamiento definitivo y sin interés en mantener relaciones sexuales vaginales. Se trata de una de las opciones quirúrgicas más utilizadas por su relativa sencillez técnica, su baja agresividad y sus buenos resultados anatómicos cuando la indicación está bien establecida.
Su objetivo no es restaurar la anatomía vaginal funcional, sino cerrar el canal vaginal mediante la aposición de las paredes anterior y posterior, favoreciendo la reintegración del útero o de la cúpula vaginal hacia el interior de la pelvis. Por ello, la selección preoperatoria es un aspecto esencial: además de confirmar el tipo y grado de prolapso, debe valorarse el estado general de la paciente, la presencia de síntomas urinarios o defecatorios, y la necesidad de descartar patología uterina o cervical si el útero está presente.
Preparación y principios técnicos
La intervención comienza con la adecuada exposición del campo quirúrgico y la tracción del cérvix, maniobra que permite evertir completamente la vagina y delimitar con precisión las áreas de mucosa que van a resecarse. Algunos cirujanos emplean hidrodisección o infiltración con lidocaína, con o sin epinefrina, para facilitar la separación tisular y reducir el sangrado. Aunque no es imprescindible en todos los casos, esta ayuda puede mejorar la definición de los planos en vaginas atróficas o con disección dificultosa.
El principio técnico fundamental consiste en despegar el epitelio vaginal de la capa muscular subyacente preservando la mayor cantidad posible de tejido de sostén. Este detalle no es menor: una disección excesivamente profunda debilita el plano sobre el que posteriormente se apoyará la sutura por pisos y puede comprometer la solidez del cierre.
Técnica quirúrgica paso a paso
La disección del epitelio puede realizarse de forma aguda o roma, según la preferencia del cirujano y las características del tejido. En la pared vaginal anterior se reseca una pieza rectangular que debe extenderse desde las proximidades del cérvix hasta aproximadamente 4 cm por debajo del meato uretral externo. Este límite distal tiene relevancia funcional, ya que evita una tracción excesiva sobre la uretra durante el cierre.
Tanto en la colpocleisis parcial como en la total, se recomienda conservar entre 3 y 4 cm de epitelio vaginal distal. La razón es preventiva: si se suturan las paredes demasiado cerca del meato, aumenta el riesgo de desplazamiento posterior de la uretra y, con ello, la posibilidad de incontinencia urinaria de esfuerzo de novo. Este es uno de los puntos técnicos más importantes y con mayor repercusión clínica posoperatoria.
En la pared posterior, el área de mucosa resecada suele ser algo mayor, extendiéndose desde el cérvix hasta el periné. Esta mayor amplitud facilita la posterior coaptación de ambas paredes. Sin embargo, cuando el componente posterior del prolapso es escaso, el acceso al fondo de saco de Douglas puede resultar más complejo. En estas situaciones puede ser útil diseñar dos áreas de resección en la cara posterior y abordar al final la porción más profunda de la vagina.
Una vez completada la resección mucosa, el borde de la pared vaginal anterior se sutura al borde correspondiente de la pared posterior con material reabsorbible de absorción lenta. Puede ser práctico iniciar la sutura por los ángulos para mejorar la orientación espacial del campo. Posteriormente se realiza el cierre por pisos, de craneal a caudal, uniendo la fascia endopélvica anterior y posterior mediante puntos sueltos o sutura continua en cada plano. Este cierre escalonado no solo aproxima tejidos, sino que invierte progresivamente la vagina y empuja el útero o la cúpula vaginal hacia el interior.
Cuando la inversión vaginal es completa, los márgenes superior e inferior de los rectángulos resecados pueden suturarse horizontalmente, completando así la obliteración del canal vaginal. La técnica exige atención constante a la simetría del cierre y al control hemostático, ya que pequeños defectos pueden traducirse en hematomas, tensión desigual o dehiscencias.
Puntos críticos y prevención de complicaciones
Durante la disección posterior puede producirse una apertura accidental del peritoneo. Si esto ocurre, debe cerrarse con sutura reabsorbible antes de continuar, evitando así la comunicación con la cavidad peritoneal y reduciendo el riesgo de complicaciones posteriores. La identificación precoz de esta eventualidad es preferible a intentar ignorarla en un campo quirúrgico profundo y de visibilidad limitada.
Otro aspecto crítico es la prevención de síntomas urinarios posoperatorios. La cirugía corrige el prolapso, pero puede desenmascarar o inducir alteraciones miccionales, especialmente si no se respeta el segmento distal de vagina. Por ello, la técnica no debe entenderse como una simple resección de mucosa, sino como una reconstrucción funcional orientada a minimizar secuelas. Del mismo modo, antes de indicar una cirugía obliterativa conviene valorar de forma explícita la continencia, la función vesical y la presencia de patología ginecológica que pudiera requerir otro abordaje.
Perineorrafia y variantes
En función de la anatomía perineal y del defecto asociado, puede añadirse una perineorrafia. Este gesto complementario permite reforzar el introito y mejorar el soporte distal, con o sin aproximación de los músculos elevadores, según el caso. No debe realizarse de forma automática, sino tras valorar si aporta beneficio real en la corrección global del compartimento posterior y en la estabilidad del cierre.
Cuando no existe útero, puede optarse por una colpectomía total. En esta variante se resecan las paredes vaginales anterior y posterior sin dejar bandas laterales de mucosa. El cierre también se efectúa por planos, pero habitualmente mediante suturas en bolsa de tabaco, que invierten de forma progresiva la capa muscular y la fascia vaginal. Esta modificación técnica responde a una anatomía distinta y exige la misma precisión en la preservación de planos y en el control de la tensión de la sutura.
Resultados y consideraciones clínicas
La cleisis de LeFort ofrece altas tasas de éxito anatómico y suele asociarse a una recuperación favorable, especialmente en pacientes añosas o con comorbilidad, en quienes una cirugía reconstructiva compleja puede no ser la mejor opción. No obstante, su aparente simplicidad no debe llevar a infravalorar la importancia de la indicación, la técnica meticulosa y el asesoramiento preoperatorio.
Desde una perspectiva clínica, el valor de esta intervención reside en combinar eficacia, baja morbilidad y adecuación al perfil funcional de la paciente. Su enseñanza paso a paso resulta especialmente útil para comprender que los detalles —extensión de la resección, respeto del segmento distal, cierre por pisos y manejo de incidencias intraoperatorias— son los que determinan un resultado seguro y duradero.
En qué casos se utiliza esta cirugía?
En mujeres mayores que presentan prolapso de órganos pélvicos.