- PODCAST
- Conceptos y diferencias
- Anatomía quirúrgica relevante
- Salpinguectomía: indicaciones clínicas
- Anexectomía: indicaciones clínicas
- Abordaje laparoscópico y seguridad
- Consideraciones clínicas y pronóstico
Conceptos y diferencias
La salpinguectomía es la extirpación de una o ambas trompas de Falopio, mientras que la anexectomía implica la resección del ovario junto con la trompa correspondiente; en la práctica clínica también se emplea el término salpingooforectomía. Ambas pueden realizarse por vía laparoscópica y forman parte del repertorio habitual de la cirugía ginecológica tanto urgente como programada.
Aunque son procedimientos técnicamente relacionados, su impacto clínico es distinto. La salpinguectomía puede preservar la función ovárica si el ovario se mantiene, mientras que la anexectomía unilateral o bilateral condiciona consecuencias endocrinas y reproductivas de mayor relevancia. Por ello, la indicación no debe basarse solo en la factibilidad técnica, sino en la edad, el deseo gestacional, el riesgo oncológico y la naturaleza benigna o maligna del proceso.
Anatomía quirúrgica relevante
El anexo uterino está constituido por ovario y trompa, unidos al útero y a la pared pélvica mediante estructuras peritoneales y vasculares cuya identificación precisa es esencial para una cirugía segura. La trompa discurre en el mesosálpinx, porción superior del ligamento ancho, y se divide en infundíbulo con fimbrias, ampolla e istmo. El ovario se relaciona con el ligamento útero-ovárico, el mesovario y el ligamento infundíbulo-pélvico, que contiene los vasos ováricos.
Desde el punto de vista técnico, el elemento anatómico más crítico es el uréter, por su proximidad al ligamento infundíbulo-pélvico, al parametrio y al trayecto vascular uterino. La prevención de lesión ureteral exige reconocer los planos, evitar coagulación ciega y confirmar la anatomía antes de sellar o seccionar pedículos. En cirujanos en formación, diferenciar la trompa del ligamento redondo también es un punto clave: la trompa suele situarse posterior y superior, con consistencia más blanda y trayecto más irregular.
Salpinguectomía: indicaciones clínicas
La indicación clásica de salpinguectomía es el embarazo ectópico tubárico, especialmente cuando existe rotura, sangrado, daño tubárico importante o ausencia de deseo reproductivo futuro. En pacientes seleccionadas, la decisión entre tratamiento conservador y resección debe individualizarse según estabilidad hemodinámica, tamaño de la lesión, estado de la trompa contralateral y antecedentes de fertilidad.
Otras indicaciones frecuentes incluyen hidrosálpinx, secuelas de salpingitis, dolor pélvico asociado a trompa patológica y trompas alteradas que comprometen los resultados reproductivos, especialmente antes de técnicas de reproducción asistida. También puede realizarse en torsión tubárica, masas tubáricas benignas poco frecuentes o como método de esterilización definitiva.
En los últimos años ha adquirido especial relevancia la salpinguectomía oportunista como estrategia de reducción de riesgo oncológico, ya sea durante una histerectomía por patología benigna o como alternativa a la ligadura tubárica. Esta recomendación se apoya en la hipótesis actual de que una proporción significativa de carcinomas serosos de alto grado se originan en la trompa distal. No obstante, su indicación debe acompañarse de información clara sobre beneficios, límites preventivos y preservación ovárica.
Anexectomía: indicaciones clínicas
La anexectomía está indicada cuando la preservación ovárica no es segura, no es posible o no resulta clínicamente aconsejable. Entre las causas más habituales se encuentran las neoplasias ováricas, tanto benignas como malignas, cuando el tamaño, la complejidad ecográfica, la sospecha oncológica o la destrucción del parénquima desaconsejan una cirugía conservadora.
También puede ser necesaria en endometriosis ovárica severa y recurrente, en torsión ovárica con pérdida de viabilidad, en infecciones anexiales refractarias y en hemorragia ovárica no controlable. En todos estos escenarios, la prioridad es resolver la urgencia o eliminar el foco patológico, pero siempre valorando el coste funcional de la resección, especialmente en mujeres jóvenes.
Un capítulo específico es la cirugía de reducción de riesgo en pacientes con mutaciones como BRCA1 o BRCA2, en quienes la anexectomía bilateral profiláctica reduce de forma significativa el riesgo de cáncer de ovario y, en determinados contextos, también de mama. Del mismo modo, puede asociarse a histerectomía en patología maligna o en situaciones seleccionadas de edad avanzada. Sin embargo, la ooforectomía profiláctica fuera de indicaciones bien establecidas debe ponderarse con cautela por su impacto sobre menopausia, salud ósea, riesgo cardiovascular y calidad de vida.
Abordaje laparoscópico y seguridad
La vía laparoscópica ofrece ventajas claras: menor dolor posoperatorio, recuperación más rápida, menor estancia hospitalaria y mejor visualización anatómica. Aun así, no debe confundirse mínima invasión con menor complejidad. La calidad del procedimiento depende de una correcta exposición, tracción y contratracción, identificación del uréter, control vascular meticuloso y extracción segura de la pieza, especialmente si existe sospecha tumoral.
En salpinguectomía, la disección del mesosálpinx y la hemostasia progresiva suelen ser suficientes. En anexectomía, el control del pedículo infundíbulo-pélvico y del ligamento útero-ovárico requiere especial atención por la proximidad vascular y ureteral. En contexto oncológico o ante masas complejas, deben extremarse las medidas para evitar rotura tumoral, diseminación peritoneal y decisiones intraoperatorias no planificadas.
Consideraciones clínicas y pronóstico
La elección entre cirugía conservadora y extirpativa debe individualizarse. En patología benigna, siempre que sea posible, la preservación ovárica tiene valor endocrino y reproductivo. En cambio, en enfermedad sospechosa de malignidad o en pacientes con alto riesgo genético, una actitud más radical puede estar plenamente justificada. El consentimiento informado debe incluir fertilidad futura, posibilidad de menopausia quirúrgica, necesidad de estudio anatomopatológico y riesgos de sangrado, infección o lesión de órganos vecinos.
En términos pronósticos, la mayoría de procedimientos laparoscópicos presentan evolución favorable cuando la indicación es correcta y la técnica es rigurosa. El verdadero reto no es solo extirpar una trompa u ovario, sino hacerlo con criterio clínico, minimizando complicaciones y ajustando la agresividad quirúrgica al problema real de cada paciente.