Qué es la torsión ovárica

La torsión ovárica es una urgencia ginecológica en la que el ovario, y en ocasiones también la trompa de Falopio, gira sobre su pedículo vascular. Este giro compromete primero el drenaje venoso y linfático, provocando congestión y aumento del tamaño ovárico, y puede progresar hasta interrumpir el aporte arterial. El resultado es una isquemia ovárica potencialmente reversible si se actúa con rapidez, pero con riesgo de necrosis y pérdida del órgano si el diagnóstico se retrasa.

Desde el punto de vista clínico, su importancia no radica solo en el dolor agudo, sino en la necesidad de preservar la función ovárica y la fertilidad futura, especialmente en mujeres jóvenes. Por ello, debe considerarse siempre dentro del diagnóstico diferencial del dolor pélvico brusco.

Causas y factores de riesgo

La torsión puede aparecer sin una causa claramente identificable, pero es más frecuente cuando existe una lesión anexial que aumenta el volumen o modifica la movilidad del ovario. Los quistes ováricos y las masas anexiales benignas son los desencadenantes más habituales. En general, cuanto mayor es el tamaño del ovario o de la lesión, mayor es la probabilidad de torsión, aunque también puede presentarse en ovarios aparentemente normales.

Otros contextos clínicos asociados incluyen el embarazo, sobre todo en etapas tempranas, la estimulación ovárica en tratamientos de reproducción asistida y algunas situaciones de hiperlaxitud ligamentosa. La actividad física intensa no es una causa directa demostrada, pero puede actuar como factor precipitante en un ovario predispuesto. Es importante recordar que, aunque muchas masas relacionadas con torsión son benignas, la valoración debe ser individualizada.

Manifestaciones clínicas

El síntoma cardinal es un dolor pélvico o abdominal de inicio brusco, habitualmente unilateral, de intensidad moderada o severa. Puede ser constante o intermitente, ya que el ovario puede torcerse y destorcerse parcialmente, lo que dificulta el reconocimiento precoz. Con frecuencia se acompaña de náuseas y vómitos, hallazgo muy orientador en el contexto de dolor anexial agudo.

Algunas pacientes presentan irradiación hacia la espalda, sensación de masa pélvica o malestar general. La fiebre no suele ser un signo inicial; cuando aparece, obliga a pensar en evolución avanzada, necrosis o diagnósticos alternativos. Dado que los síntomas se solapan con otras entidades, como apendicitis, embarazo ectópico, rotura de quiste o enfermedad inflamatoria pélvica, la sospecha clínica debe mantenerse alta.

Diagnóstico

El diagnóstico es fundamentalmente clínico y se apoya en la exploración física y en las pruebas de imagen. La técnica inicial de elección suele ser la ecografía transvaginal con estudio Doppler, que puede mostrar un ovario aumentado de tamaño, edema, desplazamiento anatómico o disminución del flujo. Sin embargo, un Doppler aparentemente conservado no excluye la torsión, porque el compromiso vascular puede ser parcial o intermitente.

Por ello, la interpretación de la imagen debe integrarse con la clínica. No existe una prueba única que descarte con seguridad el cuadro. En mujeres en edad fértil, además, es esencial descartar embarazo y valorar otras causas de abdomen agudo. Cuando la sospecha es alta, la confirmación definitiva suele producirse durante la cirugía, y no debe retrasarse la intervención esperando hallazgos radiológicos concluyentes.

Tratamiento

El tratamiento de elección es quirúrgico y debe realizarse con la mayor rapidez posible. La laparoscopia es la vía preferente en la mayoría de los casos, ya que permite confirmar el diagnóstico, destorcer el ovario y valorar su viabilidad con menor agresión quirúrgica, menos dolor posoperatorio y recuperación más rápida que la cirugía abierta.

Siempre que sea factible, el objetivo actual es conservador: destorsión y preservación del ovario, incluso cuando su aspecto inicial sea congestionado o violáceo, porque muchos ovarios recuperan función tras restablecer el flujo. La extirpación del ovario se reserva para situaciones de necrosis irreversible, destrucción tisular o sospecha fundada de malignidad. Si existe un quiste o masa asociada, su manejo dependerá del contexto clínico, la edad y los hallazgos intraoperatorios.

Complicaciones y pronóstico

La principal complicación del retraso diagnóstico es la necrosis ovárica, que puede obligar a realizar una ooforectomía y comprometer la reserva ovárica. También pueden aparecer inflamación local, infección del tejido necrótico y adherencias pélvicas, con posible repercusión sobre la fertilidad y el dolor crónico.

El pronóstico mejora de forma clara cuando el tratamiento es precoz. En la práctica, el tiempo es un factor decisivo: cuanto antes se interviene, mayor es la probabilidad de conservar el ovario y su función endocrina y reproductiva. Este enfoque es especialmente relevante en adolescentes y mujeres en edad fértil.

Cuándo sospecharla y consultar

Debe buscarse atención médica urgente ante un dolor pélvico intenso de aparición súbita, sobre todo si se acompaña de náuseas, vómitos o antecedentes de quiste ovárico, embarazo o tratamientos de estimulación ovárica. La torsión ovárica no siempre puede prevenirse, pero sí puede reducirse el riesgo de pérdida del ovario mediante una consulta precoz.

En educación sanitaria, el mensaje clave es claro: no banalizar el dolor pélvico agudo unilateral. La rapidez en la valoración ginecológica y quirúrgica no solo alivia el cuadro, sino que puede marcar la diferencia entre la recuperación completa y la pérdida funcional del anexo afectado.

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